domingo, 24 de enero de 2010

Descafeinado





En la oficina no había café. La máquina se había estropeado. Y era lunes. Yo maldecía mi suerte, mientras buscaba bajo la mesa uno de esos botones rojos que pulsan en las películas cuando el personaje está en apuros, y sólo con tocarlo, ocurre algo que resuelve la situación. El botón no lo encontré, pero mi mano tropezó con un chicle pegado. El chicle llevaba allí toda una vida, seguro que tenía contrato indefinido, quince pagas y le cae mejor al jefe porque siempre viene a trabajar.


Bueno, a lo que vamos. Me di cuenta que tenía la excusa perfecta para salir. Escuchar, salgo un momentillo a tomarme un café, es que la máquina no va. Espera, bajo contigo. Ahora no sólo era un lunes sin café, era un lunes desayunando con mi jefe.
Creo que últimamente rindes por debajo de tu capacidad. No sé, te noto desganado. Estás despistado, más disperso de lo normal ¿te ocurre algo? No es nada importante, contesté. Es que hecho de menos tomarme un café solo.