miércoles, 21 de octubre de 2009

Cenicerdo






Las noches que me fumo no caben en el cenicero. Lo sé, porque observo como las colillas se hablan a codazos. Se dicen - viste que la luna ya es ceniza, viste que esto es un hashondeo, viste que somos tantos marrones que todos juntos formamos un gran marrón, viste que tengo acento argentino. Este, sí – contesta otro. Y es que el cenicero es un mundo, y en todos los rincones del mundo siempre hay un argentino, menos mal.


Lo que no saben es que cuando se me suben los humos me los fumo, porque no me gusta sentirme el ego por las nubes, me da vértigo. Supongo que las alturas son para gente con aires de grandeza, y a mí el único aire que me gusta respirar es el vuestro.

Y el tuyo también, claro.